¿Qué hacer con las lágrimas?

En ocasiones caemos en la desesperanza, nos sentimos perturbados o cargamos con conflictos que se fueron gestando en nuestra infancia, solemos darle vueltas al asunto y seguir con nuestra vida tratando de pasar por alto este desequilibrio emocional.
Hablamos de esto con personas con quien sentimos confianza como por ejemplo, el estilista, el barbero o el cantinero, bueno ¡hasta con un amigo cercano!

Estamos pendientes de contar nuestra historia pero no estamos dispuestos a escuchar sus opiniones, solo queremos hablar y cuando ese “alguien” que escucha dice algo semejante a lo que estamos pensando sea bueno o malo; asentimos y seguimos enredándonos en nuestros propios pensamientos perturbadores. Al escuchar algo
negativo al respecto nos orilla a ver aún peor las circunstancias.
Tratamos de olvidar en el día a día que hay un dolor y así pasan semanas, meses o hasta años y, de vez en cuando sale una lágrima; ¿qué hacer con las lágrimas?

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Quiero ser excepcional

Existe una gran difusión en nuestra sociedad por encontrar la manera en cada uno de tener la seguridad interior suficiente, habilidades extraordinarias y capacidades emocionales muy equilibradas y un imagen impecable para lograr adaptarnos a las exigencias laborales,
profesionales y personales.
Al parecer el fin máximo es la felicidad y el éxito. Pero ¿en realidad, un ser humano puede con todo?
El ser humano ciertamente tiene habilidades y capacidades pero tal
vez no todos son tan extraordinarias de acuerdo a las exigencias, en
relación a las emociones van y vienen estados de mal humor, de entusiasmo, de desgano, de optimismo o de ansiedad.
Las redes sociales empujan al individuo a simular una imagen de
felicidad y de éxito que, incluso en algunos se vuelve una necesidad
mostrarla y, con ello se entiende la búsqueda de aprobación. En ocasiones nos medimos por el número de “me gusta” más que por una
satisfacción personal de tener o lograr algo.
El hecho es, que a falta de “me gusta” hay en el fondo una desaprobación por lo que “es” alguien; habríamos que buscar otro tipo de medición de nosotros mismos y ayudaría mucho definir nuestros propios retos y superarnos a nosotros mismos sin necesidad de esperar que el exterior lo haga, ya que, afecta colocarse en esta postura de búsqueda de aprobación pues lleva incluso a estados depresivos o a sentimientos de angustia ante la desaprobación que se percibe.
Así que, no necesariamente el fin debería ser la felicidad y el éxito más
aún así como la ven los otros.
Vivir de manera recta y clara de acuerdo a nuestros propios ideales y
convicciones, ser auténticos y respetuosos permitiría una convivencia social extraordinaria.
En lugar de quiero ser excepcional cabe mejor decir, quiero “ser” aquel
que de manera impecable es fiel a sus principios e ideales y puede vivir
en sociedad.

Luna de miel

Podríamos plantear la idea de que nos volvemos un poco caprichosos cuando estamos enamorados, nos aferramos a una única forma y manera de amar que por ningún motivo podríamos salir de ella, nuestro “amor” en ese momento es generoso, cordial, atractivo, de buen humor, digamos casi perfecto.
Pero ¿cómo es que al pasar del tiempo eso se acaba? Habríamos que
entender dónde empieza todo y, empieza, en realidad, antes de la luna
de miel, de qué está hecha nuestra forma de enamorarnos y nuestra
forma de amar.

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Siempre he pensado

Cuando se tienen problemas de peso intervienen diferentes factores que lo generan, la genética, la cultura, el metabolismo, las emociones, los hábitos, por mencionar algunos.
Es muy importante atender a las instrucciones del nutriólogo pues para ofrecernos una dieta adecuada tomará en cuenta por lo menos la genética y metabolismo, pero ¿qué ocurre con las emociones y con los hábitos?.
Hay características psicológicas que facilitan la aparición de conductas de ingesta excesiva de alimentos y, por otro lado, el tener sobrepeso causa dificultades importantes directamente en las emociones, en el estado de ánimo, y en la percepción personal.

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Romper una dieta

La genética y el metabolismo son factores que pueden llevarnos al sobrepeso y hasta problemas de obesidad, a raíz de esto se desencadenan efectos emocionales como la frustración, aumentan las inseguridades personales o incluso se pueden presentar rasgos
depresivos.
Desde esta perspectiva el sobrepeso nos hace “venirnos abajo emocionalmente” nos provoca un desequilibrio emocional con el que batallamos en cada dieta, al inicio normalmente vivimos con la expectativa y ganas de llegar a nuestra meta de pérdida de peso de una manera pronta y efectiva, pero esto no suele ocurrir; a mi modo de ver un factor importante es la mentalidad pues al inicio hay una gran motivación, es más, buscamos algún evento próximo que nos impulse a lograr el objetivo pero de poco a poco van bajando los ánimos.

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