Cuando se tienen problemas de peso intervienen diferentes factores que lo generan, la genética, la cultura, el metabolismo, las emociones, los hábitos, por mencionar algunos.
Es muy importante atender a las instrucciones del nutriólogo pues para ofrecernos una dieta adecuada tomará en cuenta por lo menos la genética y metabolismo, pero ¿qué ocurre con las emociones y con los hábitos?.
Hay características psicológicas que facilitan la aparición de conductas de ingesta excesiva de alimentos y, por otro lado, el tener sobrepeso causa dificultades importantes directamente en las emociones, en el estado de ánimo, y en la percepción personal.
Al no atender las emociones que existen alrededor de la manera desmedida al comer, el problema persiste y con facilidad cada vez se tornará más complejo.
Se vuelve un círculo vicioso en donde se atiende una parte del problema, pero si no se llega al fondo y causa emocional de las conductas, de los hábitos inadecuados, incluso cada dieta resultará con grandes probabilidades en un fracaso que a su vez culminará en
estados de ánimo como depresión, sentimientos fuertes de frustración y un bajo concepto de sí mismo.
El apoyo emocional se convierte en prioridad especialmente si la meta de bajar de peso se rompe con facilidad y en repetidas ocasiones y, cuando se rompe se complican los esfuerzos por querer controlar la forma excesiva de alimentación y llega un rebote con un peso aún mayor que el inicial en este círculo vicioso.
¿Cómo hacer para tener el ánimo de confrontar las emociones y sentimientos que perturban?
Primero reconociendo que se ha perdido el control en nuestra forma de alimentarnos y segundo abrir nuestro mundo a nuevas y mejores posibilidades para superar nuestros conflictos internos.
