La dulce venganza de lo dulce

Hay que tomar en cuenta los mecanismos que ocurren en nuestro cerebro cuando comemos alimentos dulces, que en pocas palabras cumplen con la función de ser placenteros y buscar más este tipo de sensaciones tan agradables, sin embargo, se cae en la trampa de buscar algo que termina por causar un daño físico.

Se vuelve imperceptible y de poco a poco nos vemos consumiendo cada vez mas alimentos dulces hasta sentir una imperiosa necesidad de incluirlos en grandes cantidades y más frecuentemente.

Y si lo pensamos más nos pueden conectar a circunstancias o experiencias agradables que aumentan la necesidad de revivir las sensaciones asociadas a lo dulce.

Así que, el cerebro solo cumple su función y aumenta la necesidad de buscar lo dulce, pero esta en cada uno controlar el deseo para disminuir la ingesta de lo dulce de poco a poco y, cambiarlo por construir experiencias dulces en nuestra vida.

Por qué ir a psicoterapia

El espacio de la psicoterapia le pertenece al sujeto que demanda una atención y apoyo para superar sus conflictos emocionales

El psicólogo con la teoría le ayudará a dar paso a la esperanza de retomar la historia personal para darle un mejor lugar.

Si bien, en el trayecto surge lo más oscuro y denso del ser, con ello se trabaja para dar lugar a una nueva versión de la historia y, por ello se arriesga todo y tal vez se pierde pero la idea es perder lo que nos ata, lo que nos domina, lo que no nos deja ser.

En la psicoterapia no hay prisa, no hay tiempo porque con lo que se trabaja es con la emociones, que son atemporales.

Se movilizan las ansiedades pero al menos salen de su “guarida” y, de esta manera se logra eliminarlas o entenderlas lo que es un avance.

La oportunidad de vivir una experiencia así requiere de valentía y la recompensa es extraordinaria.

Primero chocolate, después mi adiós

Es importante pensarnos en la manera como vamos perdiendo el interés por personas o circunstancias de nuestra vida en donde de inicio teníamos todo el entusiasmo, todo nuestro interés y hasta demasiada pasión.

En lo general, entendemos este desinterés apuntando o a esa persona o circunstancia como la responsable de nuestra falta de afecto e intención por continuar con esa relación.

La persona de quien hablo puede ser una pareja, un amigo o cualquier relación que sentimos importante.

La circunstancia puede ser un trabajo, una actividad extra que sabemos que puede beneficiar nuestras vidas, un interés por estudiar algo, en fin, circunstancias o personas nos dan dulzura en un principio pero después queremos salir de ahí.

Recapacitar en que tal vez, la responsabilidad está en cada uno y más que otra cosa, el asunto está en lo que nos representa el lazo perdurable con algo o con alguien o que al ir adentrándonos en la relación hay aspectos que trastocan asuntos emocionales que nos cuesta trabajo asimilar.

De ahí la experiencia de un proceso de psicoterapia, donde se puede descubrir las razones de acabar con lazos que un principio nunca creeríamos que pasaría.

Amo, amor, amor propio!

La violencia en la pareja puede incrementar sin darnos cuenta, con facilidad justificamos las reacciones agresivas o de muy baja tolerancia, otra actitud común es bloquearse y no saber qué hacer o cómo defenderse ante algo tan inesperado.

Lo que llama mucho la atención es esa manera de creer que el agredido es culpable porque está provocando al otro y que debió actuar de otra manera con tal de no despertar su furia, llegar a este punto es muy delicado pues se pierden de vista las dimensiones del agresor y se asume la culpa, estaríamos hablando entonces de un desequilibrio emocional extremo en el afectado.

Quien ejerce la violencia al parecer no tiene amor propio y busca que su pareja pague por ello, perdió su amor propio pues la mirada de quienes estuvieron a su lado en su desarrollo y crecimiento, tal vez fue cargada de desaprobación y/o de rechazo, así que, es probable que siempre viva con ese rencor que lo representarán las personas con quien convive.

El agredido, tal vez, también carece de amor propio y el asunto vendría de una mirada de quienes estuvieron a su lado en su desarrollo y crecimiento, tal vez cargada de un “no puedes o no vales”.

Lo anterior no es una regla pero puede ser una posibilidad de la manera en que algunas personas tienden a reaccionar.

Por eso hay que tener amor… Amor propio!

Sueño contigo

Hace falta la ausencia de la pareja para desearla más, así juega el amor en las personas, pero la distancia no necesariamente debería ser física, con la sensación y el creer que nada es seguro en la relación o que no hay una seña de un amor incondicional eso basta para aferrarnos a alguien.

Cabe pensar que el “ego” es quien se ve afectado más que un amor genuino hacia la pareja; algunas personas son más egocéntricas que otras, es por ello que hay quienes sufren más que otros.

Una posibilidad de un amor más desprendido sería el aceptar la individualidad de cada uno y, permitirse disfrutar los momentos sin que se vuelva una presión estar siempre y en todo momento juntos, confiar en el amor, pero más en el amor propio para dejar ser a la pareja y para hacerse cargo de nuestras vidas.