El que canta sus penas espanta

Que cierto es este refrán, el efecto que da el cantar y la música en sí son liberadores, justamente de sentimientos y nos otorga la posibilidad de expresar emociones, circunstancias, pensamientos o ideas.
Apunta directamente al campo perceptivo de cada persona, entran en juego las sensaciones auditivas que, dicho sea de paso, este sentido tiene la peculiaridad de remitirnos a las más primarias experiencias de conciencia de un ser.
En un feto funcionan todos los sentidos, la boca ya tiene papilas gustativas y puede oler aunque el olfato es un sentido más sofisticado, la vista la experimentará hasta después de nacido.


La audición es el sentido más desarrollado del feto que al percibir un sonido, normalmente son sonidos que hace la madre y, como sabemos el latido de su corazón y de su madre serán sus compañeros constantes dentro del útero, puede escuchar conversaciones, ruidos y música debido a que las paredes del abdomen y útero de la mamá actúan como filtro de las frecuencias más altas. Las voces también las
percibirá como melodía.
El sonido de la voz de su madre es diferente pues viaja por dentro de su cuerpo esto ayuda en la relación tan estrecha que desarrolla con su madre, al nacer en su afán por adaptarse a su mundo aprovecha al máximo todos sus sentidos con tal de poder comunicar sus necesidades y, con su audición busca identificar dónde se encuentra
su madre, tratando de ubicarla en el espacio y tiempo, así es como el bebé empieza a tener noción de esto, y al escucharla y sentirla cerca aparece en él una gran regocijo y calma, al escuchar su voz es un canto de alegría que acaba con todas sus penas…

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