Existe una gran difusión en nuestra sociedad por encontrar la manera en cada uno de tener la seguridad interior suficiente, habilidades extraordinarias y capacidades emocionales muy equilibradas y un imagen impecable para lograr adaptarnos a las exigencias laborales,
profesionales y personales.
Al parecer el fin máximo es la felicidad y el éxito. Pero ¿en realidad, un ser humano puede con todo?
El ser humano ciertamente tiene habilidades y capacidades pero tal
vez no todos son tan extraordinarias de acuerdo a las exigencias, en
relación a las emociones van y vienen estados de mal humor, de entusiasmo, de desgano, de optimismo o de ansiedad.
Las redes sociales empujan al individuo a simular una imagen de
felicidad y de éxito que, incluso en algunos se vuelve una necesidad
mostrarla y, con ello se entiende la búsqueda de aprobación. En ocasiones nos medimos por el número de “me gusta” más que por una
satisfacción personal de tener o lograr algo.
El hecho es, que a falta de “me gusta” hay en el fondo una desaprobación por lo que “es” alguien; habríamos que buscar otro tipo de medición de nosotros mismos y ayudaría mucho definir nuestros propios retos y superarnos a nosotros mismos sin necesidad de esperar que el exterior lo haga, ya que, afecta colocarse en esta postura de búsqueda de aprobación pues lleva incluso a estados depresivos o a sentimientos de angustia ante la desaprobación que se percibe.
Así que, no necesariamente el fin debería ser la felicidad y el éxito más
aún así como la ven los otros.
Vivir de manera recta y clara de acuerdo a nuestros propios ideales y
convicciones, ser auténticos y respetuosos permitiría una convivencia social extraordinaria.
En lugar de quiero ser excepcional cabe mejor decir, quiero “ser” aquel
que de manera impecable es fiel a sus principios e ideales y puede vivir
en sociedad.
